lunes, 11 de noviembre de 2013

Edmundo Miranda: el diputado frustrado

Don Edmundo Miranda se presentó como candidato a Diputado Provincial por el Departamento Villaguay en las elecciones realizadas el 7 de marzo de 1897, si bien la Junta Electoral lo proclamó como vencedor en dichas elecciones, la Comisión de Milicias, Peticiones y Poderes de la H. Cámara de Diputados, integrada por los diputados Casiano Calderón, Alfredo Méndez Casariego y Ruperto Acebal, aduciendo irregularidades en el escrutinio, recomendó a la Cámara de Diputados que declarara nula la elección practicada en el Departamento Villaguay, y por lo tanto no reconocía el diploma de diputado provincial de don Edmundo Miranda.
Don Edmundo Miranda fue citado por la Cámara de Diputados para que hiciera su descargo en la sesión realizada el día 14 de mayo de 1897. Allí trabó una acalorada discusión con del diputado Francisco Maglione, un veterano de la cámara ya que llevaba más de 14 años como diputado provincial, representando alternativamente a distintos departamentos de la provincia (en ese momento representaba al
Departamento Federación siendo que él residía en Paraná). Después del debate, la Cámara aprobó el dictámen de la Comisión, anularon la elección de Villaguay y frustraron las aspiraciones del jóven Miranda, al que le recomendaron que volviera a su pueblo y regresara si lograba ganar una nueva elección. Edmundo Miranda expresó en su descargo que la impugnación había sido realizada por personas interesadas y enemigos politicos suyos, incluso no pertenecientes al padrón de Villaguay, porque habia dejado fuera al candidato oficialista, Julio Parera.

Fuente: Diario de Sesiones, Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Entre Rios, 38º  Periodo Legislativo, 3º Sesión Ordinaria.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Otro poema de Antonia

Poema de mi tia abuela Antonia Artucio Ferreira:

"Ideal"

En el aburneo teclado
del melancolico piano
buscó tu aligera mano
un nocturno imaginado...
en el aburneo teclado.

Como alondras doloridas
batían misticas alas
las notas de las escalas
rapidamente surgidas...
como alondras doloridas;

Con sugestiva premura
brotaran recuerdos viejos
cual efimeros reflejos
mensajeros de amarguras...
con sugestiva premura.

Tuvo la mustia bujía
en medio a el amplio salón
semblanzas del corazón
en lobreguez de agonía...
tuvo la mustia bujía.

Entraban tacitamente
por los fáciles vidriales
danzarines espectrales
que fugaban brevemente ...
entraban tacitamente.

Nuestras almas embriagadas
con divinas soñaciones
sufrian las emociones
de las horas acalladas ...
nuestras almas embriagadas.

Mis dedos ensortijados
con rizos de tu melena
la tragicómica escena
mas fueron aligerados...
mis dedos ensortijados.

Fueron dos mágicos signos
interrogantes tus ojos
que mis débiles enojos
alejaron peregrinos...
fueron dos mágicos signos.

Y en el supremo embeleso
que los gratos esponsales
de firmezas teologales
sellábamos con un beso ...
y en el supremo embeleso.

Como un extraño consejo
tempestivamente dado
nuestro idilio duplicado
en la luna del espejo...
como un extraño consejo.

Y en el aburneo teclado
del melancólico piano
de nuevo buscó tu mano
un nocturno imaginado ...
en el abúrneo teclado.

Soledad y poesia

"Silencios y soledades"

En el gran silencio de la tarde
en que todo se encubre en el misterio,
en que la soledad enferma el alma
y sufre el corazón vacío inmenso...

Cuando largos sollozos y suspiros
deja en las puertas al pasar el viento
y un rumor funerario la arboleda
semeja en el alocado balanceo...

En medio a las tinieblas de mi estancia,
mientras vuelve el pasado al pensamiento
y corren temblorosas por mi rostro
las lágrimas que arrancan los recuerdos...

En el gran silencio de esas horas
en que todo se encubre en el misterio,
a mi dolor parece que se asocia
la santa imagen de mis padres muertos!

Antonia Artucio Ferreira (1914)

Un regalo especial

Este es un poema que mi tia-abuela Antonia Artucio Ferreira obsequió a mi abuela Haydee Miranda en 1914, en la dedicatoria decia que como no podia enviarle flores le enviaba flores de su alma:

"Manos"

Manos piadosas y albinas;
aristocráticas manos!
por diminutas y finas ...
de las sortijas divinas
que lucen los soberanos
os considero muy dignas!

Manos para bendiciones!
Unidas quisiera verlas
en fervientes oraciones...
guardando los eslabones
en forma de madreperlas,
¡Albos iris tus botones!

Manos que son dulcemente
mensajeras de caricias
cuando el alma esta doliente...
manos que forman la fuente
de las ternuras primicias
en una pasión naciente!

Bellas manos que semejan
alitas de querubines
cuando animadas festejan...
cuyos aplausos nos dejan
un susurro de maitines
que las nostalgias alejan!...

Bienhechoras y adoradas
manecitas bondadosas
que me recuerdad dos hadas ...
¡Epístolas nacaradas
para decir muchas cosas
mientras son acariciadas!

martes, 30 de abril de 2013

El abuelo romántico

Transcribo una poesia que escribió mi abuelo Julio Artucio a mi abuela Haydee Miranda, en 1915, cuando eran novios:

Tus ojos...

¡Oh tus regios ojos negros de sutil policromía...
que en mis noches de delirios y quiméricas visiones,
cual nenúfares divinos ve flotar mi fantasía
en la riente superficie de un gran lago de ilusiones.

Oh, tus ojos negros tristes de angustiosa letargía..
almas tiernas marchitadas por ingentes afecciones,
pensativas flores mustias de romática agonía
que trasuntan mis sentidos a un raudal de ensoñaciones...

Ven, ¡oh! hermosa poseedora de esos ojos tentadores
dulces ánforas fecundas cuyo néctar delicioso
suplicando están los mios cual febriles bebedores...
Ven y acerca a mi esos ojos soñadores y sombríos,
que en el mar de sus pupilas cunde un algo misterioso
que veneran incansables, los amantes ojos míos.


                                                El abuelo Julio Artucio                                                   


viernes, 18 de enero de 2013

"Nita": la monja y el obispo

La historia de Isolina Jaime Costa, conocida en la familia como Nita, es una historia muy particular. Nita era hija de Dora Costa Artucio, nieta por lo tanto de Isolina Artucio, hermana de mi abuelo.
Nita decidió en su juventud ser monja, cosa que irritó mucho a su abuelo, el Dr. Costa Irigoyen, hombre de que tenia cierta fortuna de importancia en la época. Según cuentan, su abuelo le ofreció a Nita lo que fuera con tal de que no entrara al convento, pero ella no le hizo caso, y su abuelo prometió desheredarla. A tal punto llegaba su enojo que en sus ultimos momentos, el viejo se casó con la enfermera que lo cuidaba, para que esta heredara su fortuna y con el compromiso de que no le entregara nada a su nieta.
Nita se hizo monja y estuvo un tiempo en el convento de San Ramón, en Uruguay, cerca de Montevideo. Recuerdo que una vez la visitamos allí con mi familia, era una persona muy agradable, y durante un tiempo mantuvimos correspondencia con ella. En el ultimo viaje que hicimos con mi padre a Uruguay, la tía Antonia nos contó que a Nita la habian trasladado a un convento en Córdoba (Argentina).
Parece ser que de Córdoba después fue trasladada a San Juan donde su vida tuvo un cambio brusco. Allí en San Juan, Nita conoció a Fernando Herrera, que por ese entonces era obispo, y se enamoraron. A tal punto era verdadero ese amor, que ambos decidieron abandonar los hábitos y casarse. Después de casarse se trasladaron a Mendoza y se radicaron en la ciudad de Godoy Cruz, donde tuvieron un hijo, aproximadamente en el año 1974, llamado también Fernando Herrera, y por lo que me fue informado, de profesión psicologo.
Hace ya unos años falleció Fernando Herrera y Nita, de acuerdo a lo que me informó otra miembro de la familia, seguía viviendo en Godoy Cruz, pero estaba delicada de salud, por lo tanto no se si todavia vive.
Su hijo se había casado, también con una psicologa y tenia su familia.
Finalmente, aquella vocación contra la que nada pudo hacer su abuelo fue derrotada por el amor. Nita perdio la herencia de su abuelo pero al final ganó una familia. Su sacrificio al final tuvo su recompensa.

jueves, 3 de enero de 2013

Hermenegilda Riquelme de Troncoso



Hermenegilda Riquelme, nacida en 1814, hija natural de María Josefa Riquelme, se casó en la Parroquia de Todos los Santos de Santa Fe, el 26 de enero de 1836, con Celedonio Troncoso Astrada, hijo de Antonio Troncoso y de Francisca Paula Astrada, naturales de San José del Rincón (Registro de Matrimonios, 1820-1838, Fº 239 vta.). Allí consta que Hermenegilda era hija de la finada María Josefa Riquelme. Tuvieron varios hijos:

1)      José María Troncoso Riquelme, nacido el 18 de diciembre de 1836 y bautizado en Paraná el 11 de febrero de 1837, siendo su madrina Eugenia Ramírez (Registro de Bautismos, Libro 7, f. 3 vta.)
2)      Andrés Avelino Troncoso Riquelme, fallecido en Paraná, siendo párvulo, el 2 de marzo de 1843 (Registro de Defunciones, Libro 4, f. 102)
3)      Magdalena Troncoso Riquelme, nacida el 28 de marzo de 1850 y bautizada en San José del Rincón el 4 de abril de ese año, cuando tenía 4 días de nacida, sus padrinos fueron José Ramírez y Buenaventura Troncoso
4)      Nemesia Troncoso Riquelme nacida en 1853[1]
5)      Andrés Troncoso Riquelme, nacido el 4 de febrero de 1856 y bautizado en S.J. del Rincón al día siguiente, sus padrinos fueron José Ramírez y Bentura Troncoso;
6)      Manuela Troncoso Riquelme, nacida el 25 de marzo de 1860 y bautizada en S.J. del Rincón el 27 de marzo de ese año, su madrina fue María Magdalena Cardoso.

Antes de casarse, Hermenegilda tuvo una hija:

       7)  María de la Cruz Riquelme, nacida el 3 de mayo de 1834 y bautizada en Paraná el 9 de junio de ese año, sus padrinos fueron Lorenzo Acosta y Lucia Riquelme (Registro de Bautismos, Libro 6, f. 63 vta.)
En el censo de 1844, esta niña figura como Cruza Riquelme, de 9 años, viviendo en Paraná con su tía abuela Felipa Riquelme.

En el censo de 1869, figuran en San José del Rincón: Magdalena Troncoso, 17 años, casada; Delfín López, 27 años, casado; Nemesia Troncoso, 17 años, soltera; Manuela Troncoso, 7 años; Andrés Troncoso, 12 años; Pantaleón Troncoso, 22 años, soltero; María Troncoso, 29 años; Wenceslao Troncoso, 28 años; Paulina Troncoso, 28 años; Estefanía Troncoso, 20 años; y Hermenegilda, 47 años, viuda.

4) Nemesia (o Demesia) Troncoso Riquelme se casó en Santa Fe, el 4 de marzo de 1874, con Gregorio Troncoso Navarro, de 22 años, hijo de Olegario Troncoso y de Josefa Navarro; fueron testigos Luis Bianchi y Teodosia Troncoso.

7) María de la Cruz (Cruza) Riquelme se casó en San José del Rincón, el 6 de febrero de 1853, con Juan Amancio Zeballos, hijo natural de Marcelina Zeballos (Registro de Matrimonios, Libro 1, f. 36).
Tuvieron al menos 2 hijos:

1)      Cástulo Zeballos Riquelme, nacido en 1854
2)      Vicente Zeballos Riquelme, nacido el 5 de abril de 1858 y bautizado en Paraná el 15 de ese mes. Falleció el 26/VIII/1859 y fue sepultado en Paraná.

7.2) Cástulo Zeballos Riquelme se casó en Santa Fe, el 29/XII/1877, con Isidora Alarcón Gómez, nacida en 1860, hija de Fructuoso Alarcón y de Mauricia Gómez.
Tuvieron al menos 2 hijos:

1)      Cornelio Eduardo Zeballos Alarcón, bautizado en Santa Fe el 7/XII/1878
2)      Cruz Angel Zeballos Alarcón, bautizado en Esperanza el 21/IX/1886



[1] No se localizó el acta de bautismos pero en el acta de matrimonio consta que era hija de Celedonio Troncoso y Hermenegilda Riquelme.